¿Cómo la colaboración nos puede rescatar de la crisis?

Sabemos que los seres humanos somos seres sociales que necesitamos estar en conexión. También reconocemos que ayudar a los demás generalmente nos genera una satisfacción y sentido de pertenencia. Incluso en momentos como los que estamos viviendo ahora, ha surgido un sentimiento de mayor conciencia y unión a pesar de la distancia física. Esto es lo que comúnmente conocemos como colaboración.

La colaboración se representa constantemente en el ámbito personal, familiar, profesional, internacional y entre todas las diversas organizaciones que formamos parte hoy en día. A diferencia de la filantropía, cuando colaboramos usualmente ambas partes ganan. Pasamos de un juego de suma cero, en donde la ganancia o pérdida de uno se equilibra con las pérdida o ganancia del otro, a un juego en donde existe un ganar/ganar entre ambas partes. Lo cual permite que ambos esfuerzos pasen de sumar cero a sumar más.

Cuando esta suma es positiva comienzan a generarse sinergias y oportunidades de encadenar el valor en nuestras acciones. También cuando se realiza de forma sistémica se tiende a abrir un espacio para pasar de nuestro pensamiento creativo individual a una visión colectiva, permitiendo desarrollar soluciones conjuntas de innovación colaborativa.

Hoy en día, estos espacios son clave para encontrar soluciones a nuestras problemáticas actuales. A pesar de que el foco de la crisis ha sido en la industria de la salud, han habido repercusiones en muchos sectores sociales y económicos. Es ahí en donde debemos identificar cuál es el área que mejor representamos para colaborar con la diversidad y llegar a soluciones puntuales que generen nuevas oportunidades. El gran desafío es mantener nuestro enfoque en el área de especialidad y a la vez, mantener un pensamiento general que nos permita tener una visión a largo plazo más allá de lo que está sucediendo en estos tiempos inciertos.

Pertenecer a una comunidad de emprendedores es clave para la colaboración

Podemos encontrar diversos espacios para generar sinergias y colaboraciones realmente valiosas dependiendo del tipo de organización en la que nos encontramos. La comunidad más cercana y auténtica que hemos tenido por siglos, a pesar de que se ha perdido su esencia en muchos lugares, es la comunidad física de nuestros vecinos alrededor. Otra comunidad que tiende a ser bastante clara es la comunidad religiosa que en nuestra sociedad tradicionalmente se llama Iglesia, en donde personas con mismas creencias asisten a un espacio para espiritualmente ser parte de algo más grande. Podemos continuar numerando distintas comunidades, todas son clave para llegar a una colaboración auténtica.

Ante la crisis actual y en el caso de emprendedores, trabajadores independientes, pequeñas y medianas empresas, que representan la mayoría de nosotros, un ecosistema colaborativo es indispensable para sobrevivir y sostener un constante crecimiento. Hoy en día existen diversos espacios dentro de este ecosistema para lograr colaborar y ser parte de una comunidad con un espíritu emprendedor.

Ahora es muy fácil buscar en Google o en Facebook espacios de coworking en Costa Rica, por ejemplo, y encontrar decenas de comunidades urbanas y hasta playeras, en donde la colaboración de recursos es clave para sostener un ecosistema emprendedor. Realmente es de gran ayuda para los emprendedor contar con los conocidos “coworking spaces” o también incubadoras de empresas, tanto académicas como privadas, en donde la clave se basa en la colaboración de personas.

¿Cómo es que funcionan los espacios de coworking?

Se trata de espacios flexibles, en donde las personas pueden reservar salas de reunión o eventos, tener sesiones de streaming o video-llamada, o hasta obtener membresías de espacios modulares frecuentes. La capacidad de los espacios de coworking, que se han desarrollado de forma más orgánica en Costa Rica a través de los años, por lo general tienden a ser de 10 a 50 personas y están ubicados lo más cerca posible de sus miembros.

Más detalladamente, la razón de ser tangible de los espacios de coworking es encargarse básicamente de toda la infraestructura para que cada emprendedor o PyME “se enfoque en su magia” es decir, en lo que mejor sabe hacer y tercerice el resto. Olvidándose de los dolorosos costos fijos tanto de servicios básicos como luz, agua, internet, hasta otros servicios convenientes como parqueo privado, cafecito fresco, recepción, mensajería, organización administrativa y ahora más que nunca: seguridad y limpieza.

Cada espacio tiene su propia identidad y cultura. Muchos coworkings han fracasado en el intento, para no decir que la mayoría. Ya que es una combinación híbrida de hospitalidad con interacciones profesionales, en donde el valor intangible que se genera cuando se colabora de forma sostenible puede llegar a tener un potencial sumamente positivo para salir de la crisis.

Estos espacios siempre han estado en nuestra civilización, simplemente han ido transformándose como respuesta ante los cambios de nuestra sociedad. Por ejemplo, en algunas culturas se trata de centros comunitarios administrados por la municipalidad o gobierno local. También podemos asociarlos con las famosas bibliotecas públicas o universitarias, que se han venido digitalizando. Incluso su misma evolución a una conexión online ha hecho que encontrar libros impresos en estos espacios para muchos puede ser fuera de lo común.

Este nivel de conexión global ha llevado a una demanda por espacios físicos u offline, es decir, encuentros presenciales entre colaboradores para concretar una acción. En estos tiempos, es un hecho que el trabajo remoto o teletrabajo ha aumentado los niveles de productividad en línea en general, sin embargo, estudios demuestran que la creatividad aumenta cuando estamos cara a cara de forma más humana. Apenas es el inicio de las nuevas tendencias que seguirán transformándose y reactivando poco a poco en esta nueva década, que sin duda nos tiene realmente atentos al cambio.

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